Venezuela es uno de los países con mayor grado de electrificación
en América Latina; más del 94% de su población
dispone de servicio eléctrico. Esto es el resultado de
un esfuerzo realizado por el Estado venezolano durante las décadas
de los 70 y 80, al cual se sumó una significativa concurrencia
de empresas privadas.
El país cuenta con un sofisticado
sistema de transmisión con tensiones de 765, 400 y 230
Kv, que interconectan los principales centros de producción
de energía y permiten tener potencia y energía disponible
para los centros de consumo a lo largo y ancho del territorio
nacional. Son muy pocos los suscriptores atendidos por sistemas
aislados y esto ocurre sólo en casos cuya interconexión
resulta económicamente inconveniente y de difícil
realización.
El país tiene instalados actualmente
18.906 MW en sus diferentes plantas de generación. Antes
del año 2003, según las previsiones actuales, se
instalarán 2.200 MW adicionales por parte del sector público
y 600 MW por parte del sector privado. Esto cubrirá los
requerimientos de la demanda hasta ese año.
Las instalaciones hidroeléctricas
del bajo Caroní cuentan actualmente con unos 12.500 MW
de potencia instalada en Guri y Macagua. Una tercera planta, la
de Caruachi, se encuentra en fase construcción y agregará
unos 2.100 MW de potencia instalada. Las plantas actualmente en
operación representan actualmente el 70% de la oferta nacional
de electricidad y constituyen apenas una parte del potencial de
unos 26.000 MW en que se estima todo el curso de dicho río.
A ese potencial se suman otros que, en el total nacional, representan
unos 46.000 MW de fuentes hidráulicas.
Ahora bien, el desarrollo eléctrico
del país se plantea hoy dentro de una nueva realidad. La
creciente demanda previsible por el crecimiento demográfico,
industrial y de otros sectores, en condiciones de calidad, seguridad
y accesibilidad reclama volúmenes igualmente crecientes
de inversión. Tales inversiones deben acometerse desde
ahora mismo.
Hasta el presente, las posibilidades
de crecimiento y expansión del sector se apoyaron fundamentalmente
en las fuertes inversiones públicas. Ello fue posible gracias
a la llamada "siembra del petróleo" o, lo que es lo mismo,
a la capitalización de la renta petrolera que encontró
una tierra fértil en este sector. El Estado, al disponer
de cuantiosos recursos, pudo emprender la explotación del
gigantesco potencial hidroenergético del río Caroní,
así como también de otros potenciales menores de
la región occidental. Paralelamente pudo capitalizar también
parte de la renta petrolera en generación térmica,
la construcción de las llamadas "autopistas eléctricas"
de 760 Kv ya señaladas, y una red de distribución
de miles de kilómetros.
Sin embargo, hoy confronta el país
un doble problema: la caída de la inversión pública
que arrastra un proceso de deterioro en todo el sector y un sensible
vacío legal. El primero se expresa en un servicio cada
vez más costoso y de menor calidad que afecta crecientemente
a la población y al aparato productivo nacional. Además,
un sistema organizativamente desarticulado, donde EDELCA aparece
adscrito a la CVG, CADAFE al Fondo de Inversiones de Venezuela,
organismos adscritos al Ministerio de la Secretaría de
la Presidencia. El Ministerio de Energía y Minas que, según
la Ley Orgánica de la Administración Central, tiene
la competencia para trazar la política y el plan eléctrico,
tiene además las funciones de control y fiscalización,
así como la de fijar tarifas conjuntamente con el Ministerio
de la Producción y el Comercio.
El segundo problema se expresa en la
ausencia de un instrumento que sirva ya no sólo para regular
las distintas relaciones jurídicas que emergen de esta
actividad, sino también como instrumento de política
económica y social en manos del Estado. De manera que ni
éste, ni los inversionistas, ni los usuarios, tienen claramente
definidos sus derechos y obligaciones, ni mucho menos la dirección
hacia la cual se orientan las actividades eléctricas del
país.
Uno y otro problema requieren de respuestas
inmediatas, tanto con un plan coherente que responda a los previsibles
incrementos de la demanda residencial, comercial e industrial,
como con una Ley que defina, de manera estable, las llamadas "reglas
del juego".
Por otro lado, la planificación
del sector ha obedecido al entendimiento entre las principales
empresas eléctricas que firmaron en 1968 el contrato de
interconexión. Este fue modificado en 1988 cuando, además
de CADAFE, EDELCA y la Electricidad de Caracas, se incorporó
ENELVEN. El mismo ha permitido alertar a las empresas acerca de
las ampliaciones necesarias. El Estado venezolano, aunque en forma
no sistemática, ha realizado intentos de coordinación
para elaborar un plan eléctrico nacional. Hoy resulta imperativo
que el Estado diseñe y asuma un plan energético
nacional como parte fundamental del plan económico.
A partir de la década del 90
la ya señalada caída de inversión, ha ido
colocando al país frente a una verdadera emergencia eléctrica.
Como se sabe, esta industria se caracteriza,
entre otros factores, por los requerimientos de capital intensivo
y proyectos de largo plazo de maduración. Así que,
para garantizar las nuevas y necesarias inversiones, es cada vez
más necesario contar con instrumentos políticos
y legales que le den seguridad, tanto al inversionista como al
usuario.
Adicionalmente, ha existido una inapropiada
gestión administrativa y gerencial que influye negativamente
en los costos del servicio, lo cual ha incidido en la mayoría
de las empresas eléctricas limitando la disponibilidad
de recursos para afrontar las fuertes inversiones que deben realizarse
en el sistema eléctrico nacional.
Asegurarle al país la prestación
de un servicio eléctrico al menor costo posible y con la
mayor calidad, que permita la óptima utilización
de los recursos disponibles y que, al mismo tiempo, garantice
continuidad, seguridad y eficiencia, es una necesidad verdaderamente
perentoria.
Ante tal situación, la LOSE
tiene por objeto establecer las disposiciones que regirán
el servicio eléctrico en el Territorio Nacional, el cual
no había contado con una normativa legal integral que ordenara
clara y metódicamente las disposiciones generales aplicables
a esta materia. Los únicos antecedentes se encuentran en
la Ley sobre Servidores Eléctricos de 1928, Los Decretos
Nos. 2.383 y 2.384 ambos de fecha 18 de junio de 1992, y el más
reciente Decreto Nº 1.558 de fecha 30 de octubre de 1996, que
establece las "Normas para la Regulación del Sector Eléctrico",
textos insuficientes para llenar el vacío existente.
Ahora, con la LOSE, se establece por
primera vez un marco normativo coherente, para una actividad que
debe ser disciplinada, tal y como lo demuestra el derecho comparado,
sometida al poder público, y sujeta, por su propia naturaleza,
a detalladas regulaciones.
Se recogen en este texto legal, los
esfuerzos que durante 17 años realizaron infructuosamente
distintos sectores dentro del parlamento nacional. Algunos de
ellos se replantearon en las indicaciones de la Ley Orgánica
que Autoriza al Presidente de la República para dictar
Medidas Extraordinarias en Materia Económica y Financiera
requeridas por el Interés Público. Ellos han sido
debidamente plasmados. Así mismo, se han incorporado los
aportes de dos proyectos de Ley del Servicio Eléctrico
que fueron presentados durante el período parlamentario
1993-1998, ninguno de los cuales fue aprobado por el Congreso
de la República.
La LOSE, establece:
• El rol del Estado como planificador,
regulador y supervisor.
• La separación jurídica
de las actividades que conforman el suministro de electricidad,
buscando una mayor transparencia en la gestión y regulación
de las mismas, evitando al mismo tiempo una integración
vertical en un sector que es monopólico por naturaleza.
• La regulación de la actividades
y de los mercados.
• La racionalización del régimen
de precios y tarifas, buscando una retribución para cada
actividad, garantizando una apropiada rentabilidad dentro de una
gestión eficiente, sin perder de vista el objetivo principal
de lograr la mejor calidad al menor costo posible del servicio.
• La creación de un ente regulador
y fiscalizador que garantice la aplicación de la Ley y
la adecuada supervisión de los agentes del sector eléctrico
para la lograr la eficiencia, calidad y continuidad del servicio.
• La promoción de la competencia
en aquellas actividades en las que ella sea posible, para lograr
una mayor eficiencia del sector y un mayor número de participantes
en el mercado mayorista eléctrico.
• El establecimiento de una planificación
indicativa por el Ministerio de Energía y Minas; un desarrollo
del sector que oriente y racionalice los esfuerzos de los particulares
y del Estado hacia la adecuada satisfacción de la demanda
nacional de electricidad, así como las previsiones para
la extensión del servicio hacia las zonas de escasos recursos
y el aprovechamiento de fuentes alternas de energía.
Del mismo modo se persigue facilitar
la adaptación de la normativa a los cambios que puedan
darse en el futuro, tanto en el orden tecnológico como
en el manejo de los recursos financieros.
Venezuela es un país que cuenta
con tecnología de punta y ha logrado durante mucho tiempo,
la convivencia entre las empresas eléctricas públicas
y privadas. Por tal razón, nuestro régimen legal,
si bien debe tomar en cuenta experiencias positivas de otros países,
tiene que adaptarse a nuestras realidades específicas.